Cristo, el Señor, en quien toda la revelación del Dios Altísimo se resume, después de haber cumplido en su propia persona y promulgado con sus propios labios el Evangelio prometido por los profetas, mandó a los apóstoles a predicar a todo el mundo como la fuente de toda verdad salvadora y de la ley moral, y comunicar los dones de Dios para ellos. Esto fue fielmente hecho por los apóstoles que entregaron en adelante, por la predicación oral,lo que ellos mismos habían recibido, ya sea de los labios de Cristo, de su forma de vida y sus obras, o llegando a conocer a través de la inspiración del Espíritu Santo.

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