Si bien las pruebas nucleares en sus comienzos tenían como objetivo servir a los sectores militares, podemos decir que han envenenado el ambiente político, lo que lleva a una carrera armamentista con armas cada vez más destructivas. Las mayores pruebas fueron: la prueba Castle Bravo en 1954 y la Bomba del Tsar en 1961 las cuales tuvieron una potencia explosiva de alrededor de 1.000 y 4.000 bombas de Hiroshima, respectivamente.

peter-kuran[1]

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