En 1659, la Corte General de Massachusetts promulgó una ley que cualquier celebración del 25 de diciembre (que no sea un servicio de la iglesia) sería un delito penal. De hecho, en aquella oportunidad cientos de personas fueron multadas por decoraciones colgantes. Esa solemnidad popa continuó hasta el siglo 19, cuando la afluencia de inmigrantes alemanes e irlandeses socavó la herencia puritana.

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