La lógica de la piedad fue lo que ayudó al pueblo de Dios para creer que María estaba llena de gracia y libre de pecado desde el primer momento de su existencia. Por otra parte, este gran privilegio de María es el punto culminante de todo lo que Dios ha hecho en Jesús. Correctamente entendida, la santidad incomparable de María muestra sucesivamente la bondad incomparable de Dios.

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